Poema dedicado a los excombatientes salvadoreños, que aprendieron a orientarse en la montaña y continúan orientándose por los principios, la dignidad y la memoria.
Dore Montemayor
El Salvador, 07 de Junio de 2026
No fue el mapa quien nos hizo caminar, ni la certeza quien nos enseñó a resistir.
Fueron los senderos ocultos de la montaña, las noches sin luna, el rumor lejano del combate y una pequeña brújula temblando entre las manos cansadas.
Mientras otros veían oscuridad, ella señalaba un rumbo.
No movía nuestros pies, no cargaba el fusil, no calmaba el hambre ni curaba las heridas, pero nos recordaba que perder el camino era más peligroso que cualquier enemigo.
Hoy los años han pasado.
Los campamentos son recuerdos, las trincheras han sido cubiertas por el tiempo y muchos compañeros descansan ya en la memoria de la patria.
Sin embargo, la brújula sigue viva.
Ya no apunta solamente al norte, apunta a la dignidad.
Apunta al compromiso con aquellos que entregaron su juventud soñando una nación más justa.
Apunta a la lealtad, cuando la indiferencia pretende borrar la historia.
Apunta a la verdad, cuando algunos quieren olvidar el sacrificio de quienes caminaron primero.
Excombatiente salvadoreño:
mantén siempre tu dirección que seguiste a travez de tus ideales y principios.
No permitas que la desilusión te haga caminar en círculos.
No dejes que el olvido desvíe tu azimut.
Porque ningún viento favorece a quien desconoce su destino.
La brújula señala el norte, pero tu carácter debe señalar tu propósito.
Que la solidaridad sea tu coordenada. Que la memoria sea tu mapa. Que la justicia sea tu bandera y guía hacia nuestra utopía.
Y cuando la incertidumbre vuelva a aparecer, cuando los caminos parezcan confundirse, recuerda que el verdadero rumbo no está en una aguja de metal,
sino en los principios que te mantuvieron de pie cuando todo parecía perdido.
Porque un excombatiente puede envejecer, pero jamás debe perder la dirección de sus ideales.
Y mientras exista memoria, la brújula seguirá marcando el camino.
